LA PAZTELERÍA DEL MEC EN EL ENCUENTRO REGIONAL

RECETAS PARA LA MEMORIA

 

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La Paztelería del MEC es un espacio de reflexión y formación que nace en el MEC Bogotá y gira en torno a las prácticas de alimentación en diversos territorios en los que se ha vivido la guerra y en los que las personas han logrado resistir teniendo como un elemento primordial las prácticas de transformación de los productos alimenticios.

 La Paztelería busca comprender cómo las comunidades han logrado mantener la memoria y demostrar que la alimentación ha sido eje fundamental de la construcción de paz y la defensa de la soberanía alimentaria en medio de las condiciones más adversas generadas por la guerra.

Es así, como desde el diálogo de saberes se salvaguarda la memoria y se destaca la importancia de los conocimientos ancestrales como constructores de unas nuevas historias de paz, de reconciliación y de justicia.

DSC_0318_optEn el marco del encuentro “Juventud por eco justicia y paz” de la FUMEC ALC los participantes del encuentro en Barranquilla contaron con el privilegio de escuchar diferentes perspectivas con respecto al conflicto armado en Colombia –estudiantes miembros de movimientos de la región, académicos y representantes de las FARC –  pero  un elemento esencial que se añadió a dichas perspectivas fue el de las víctimas, con la participación de Marisol Perea quien bajo la sombra de los arboles compartió su historia con los y las participantes y compartió también los secretos del Enyucado, postre típico de la región y en algunas ocasiones el único alimento que pudieron preparar.

Marisol es originaria del Chocó, una mujer con una fuerza vital que se siente desde el primer saludo y una sonrisa que te abraza desde que la ves. Su rostro es el rostro de la esperanza.

 Ella ha sido desplazada siete veces por la guerra, ha tenido que huir por su vida incluso viendo cómo matan a sus seres queridos y allegados. En dado punto de su historia, junto a cientos de personas, llegó a la comunidad del Tamarindo; una comunidad en las afueras de Barranquilla que ha luchado por unas tierras a las que llegaron hace 12 años, pero que no fueron reconocidas a pesar del respaldo de la ley porque algunas familias poderosas quieren construir en ellas sus emporios empresariales y una zona franca para la ciudad. La policía, muchas veces quemó casas, siembras, golpeó y pisoteó a la gente. Allí muchos comprendieron que aquellos señores de la guerra no son solamente los que muestran los noticieros. Allí muchos conocieron que la guerra no solamente es de fusiles y bombardeos sino también de empresas que acaparan la tierra y de instituciones que son cómplices de ese acaparamiento.Al final pocos quedan de este proceso pero la resistencia del Tamarindo persiste en dignidad.

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La historia de Marisol y la del Tamarindo es una historia de la construcción de lo colectivo y allí el secreto del Enyucado.

La Yuca por ser una siembra “provisional”, solamente tarda 3 meses en estar lista para el consumo, y muchas veces ese era el tiempo que tenían en el Tamarindo.  Luego de eso el desalojo se hacía inminente. La gente llegaba a la tierra luego de un desplazamiento y con trabajo comunitario cada familia levantaba el rancho y sembraba un tajo de una hectárea o algo más de Yuca, lo demás (el plátano, los frutales) no alcanzaba a brotar cuando ya se acercaban las máquinas a destruir. Muchas veces la yuca fue el único sustento y en las fiestas como semana Santa, la yuca servía de postre, de entrada y de plato fuerte. Había que transformarla y nació esta mezcla mágica. La yuca ayudó a sobrevivir, a construir y a celebrar. El enyucado para Marisol y para la gente del Tamarindo es mucho más que un postre. Es la conexión con la tierra, es el primer regalo que ellos y ellas dan y que luego reciben de aquella tierra en la que esperan ser semillas y echar raíz.

 En este sentido, DSC_0422_optla Paztelería ha sido un espacio que se convierte en excusa para contar, para reflexionar y para acercarnos a otros y otras desde algo tan cotidiano como lo es lacocina. En el marco del encuentro fue un privilegio escuchar a Marisol, pues su historia, narrada desde el corazón,  les permitió a los participantes complementar sus visiones sobre el conflicto en Colombia. Pero más allá de eso, escucharla posibilitó un acto de solidaridad que se completó en la celebración por medio del consumo de los alimentos que al ser preparados comunitariamente cobraron un mayor significado convirtiendo al compartir en símbolo de la construcción de paz.

Miembros del MEC Bogotá-Colombia

 

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