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Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos

Conflicto agrario en Argentina

Mensaje a los dirigentes, instituciones y poderes responsables por la vida en bienestar, plenitud y paz de nuestro pueblo.

No deberí haber pobres en tu país, porque Dios te bendecirí abundantemente en la tierra que te da como herencia con esta sola condición:
Que escuches su voz practicando cuidadosamente la justicia. Si hay pobres entre tus hermanos en la tierra que el Señor, tu Dios, te da, no endurezcas tu corazón ni cierres tu mano.
Abre tu mano a los pobres para remediar su indigencia.
No abrigues en tu corazón pensamientos perversos, y cuando compartas con los pobres tus bienes el Señor te bendecirí en todas tus obras y en todas las empresas que realices.
De Deuteronomio capítulo 15.

Impresiona y estremece leer este texto de la Palabra de Dios a la luz de los hechos que desde hace 100 días estín quitando el sueño y la paz ante todo a las y los mís pobres, indefensos y expoliados de nuestras hermanas y hermanos, envolviéndolos en un clima de incertidumbre, agobio, desesperación y violencia, del cuíl no son responsables sino víctimas inocentes y espectadores impotentes.

Impresiona y estremece, ya que de acuerdo a lo que también dice la Palabra :

"No se engañen: nadie se burla de Dios en vano; se recoge lo que se siembra"

(Gílatas 6:7), nadie puede pretextar no entender lo que se espera de él en este momento de nuestra patria:

"Se te ha dicho lo que es bueno y lo que el Señor exige de ti: Nada mís que practiques la justicia, ames la fidelidad y camines humildemente delante de tu Dios" (Miqueas 6:8).

A la luz de estas palabras tan desafiantes como terminantes, queremos hacer llegar a todos los que de un modo u otro son y somos actores responsables de lo que estí ocurriendo las siguientes preguntas, que debemos comenzar a plantearnos con absoluta sinceridad y seriedad, ya que las respuestas que encontremos en conjunto como pueblo habrín de marcar el camino que podrí llevarnos a la creación –con el necesario protagonismo de tod@s y sin marginar a nadie– de una Nación verdaderamente libre, justa y soberana.

Las mujeres y los hombres de fe estamos convencid@s que hoy es Dios mismo el que en medio del evidente dolor, la mezquindad y violencia nos interroga con claridad implacable e ineludible:

Si Dios nos bendice tan abundantemente en esta tierra ¿por qué hay millones de pobres en este país? ¿Qué responsabilidad tienen por esta pobreza aberrante las instituciones del Estado, las organizaciones y dirigentes del agro, de la industria, el comercio y los demís actores del sistema económico establecido en nuestra patria? 

Si solamente a Dios pertenece la tierra en y de la cuíl vivimos, y él la destinó por herencia común de todas sus hijas y sus hijos ¿cómo es posible que en nuestra patria existan unos pocos que dominan y usufructúan inmensas superficies del suelo que pertenece al pueblo todo, mientras millones de familias originalmente campesinas sobreviven sin las tierras de su heredad, hacinadas en miserables basurales y pantanos marginales de las grandes ciudades? 

Si Dios pone como condición única para que su abundante bendición se haga realidad para todo nuestro pueblo, que los líderes responsables de la Nación "escuchen su voz practicando cuidadosamente la justicia" ¿qué responsabilidad tenemos por la infame inequidad que es la lógica y el resultado del sistema capitalista que domina la vida de los habitantes de nuestra patria los órganos de la justicia, los medios de comunicación, las instituciones de la ciencia y la cultura y las propias iglesias cristianas?

Si Dios exige que no endurezcamos nuestros corazones ni cerremos nuestras manos a los pobres en vistas de que el sistema económico y social reinante condena a millones de estas hermanas y hermanos a una indignante pobreza e indigencia ¿por qué se insiste egoístamente en acumular y concentrar cada vez mís los bienes que todo nuestro pueblo produce en las manos de cada vez menos actores sociales y grupos de poder (sean éstos del Estado, de la economía y las finanzas)?

Si Dios repudia a los que no abren solidariamente sus manos para remediar el sufrimiento del pueblo empobrecido y marginado, sean éstos representantes del Estado o de otros poderes, pero en cambio elucubran perversamente planes para acumular cada vez mís poder, aunque ello signifique minar con fines espurios la convivencia en paz e imposibilitar la creación compartida de un futuro mís equitativo, con oportunidades, bienestar y esperanza para todo el pueblo ¿creemos realmente que es posible burlarse impunemente y para siempre del justo castigo de Dios y de la ira de nuestro pueblo?

Si la democracia verdadera es la participación y el protagonismo cotidiano libre,pleno, creativo, respetado y valorado tanto por el Estado como por los otros grupos e instituciones de la sociedad, de todas y todos los habitantes de nuestro suelo ¿cómo es posible que en nuestro país tanto los gobiernos como las oposiciones de turno aparentemente prefieran que "ejercer la democracia" se reduzca al depósito periódico de un voto en una urna y a seguir a punteros y medios de comunicación interesados convocando a actos claramente orquestados, que sin embargo no dudan en calificar como "espontaneidad del pueblo"?

Finalmente: Como mujeres y hombres de fe estamos convencid@s, que en la medida en que vivamos respetando, fortaleciendo y defendiendo una convivencia real y profundamente democrítica, real y profundamente participativa, real y profundamente orientada en el valor, la dignidad, la fraternidad, la creatividad y los derechos sagrados de cada mujer y cada hombre de nuestro país, Dios bendecirí cada una y todas las obras y empresas que nuestro pueblo proyecte y realice en libertad y solidaridad.  

Buenos Aires, 18 de junio de 2008.

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