¡A parar para estudiar, viva el paro nacional! Arenga que gritamos una y otra vez durante los más de 60 días de marchas estudiantiles que se concentraron en exigir al gobierno más presupuesto para las universidades públicas.

Foto: Jorge Gómez

Una vez más, así como en el 2015 con la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil), y tal vez con más fuerza y menos vicios políticos (politiqueros) los jóvenes de las universidades públicas, los institutos técnicos y tecnológicos del estado y la amplia solidaridad de estudiantes de universidades privadas, sectores sindicales de la educación y gente de a pie llenaron las calles de las principales ciudades del país para pedir al presidente Duque financiar la educación, la investigación y el funcionamiento de los centros de estudio.

La educación ha estado en el olvido de los gobiernos, literalmente, se ha excluido cientos de jóvenes que batallan por uno de los pocos cupos ofertados. La educación pública tiene déficit en investigación financiada para mejorar la excelencia académica y lo peor para los estudiantes ha sido vivir con la zozobra de ver caer a pedazos sus aulas y edificios por la poca inversión en mantenimiento.

Estos motivos fortalecieron al grupo de líderes estudiantiles que vieron justa la causa y expusieron sus vidas ante el monstro de la violencia que revive en Colombia. La solidaridad de la gente de a pie que comprendió que los colapsos viales, la parálisis del trasporte público y demás incomodidades eran loables y redundaban en su beneficio, en el de sus hijos, en el del país.

Se solidarizó con esta causa Roger Waters quien en su concierto clamo: “we do need more education”, además, negó obsequiarle una guitarra autografiada al presidente al enterarse de su nefasta gestión y poca voluntad para garantizar este derecho fundamental. También Rene, el cantante puertorriqueño, se solidarizó (una vez más, ya lo había hecho en 2015) e invito a la tarima a los jóvenes que lideran a los estudiantes a alzar la voz y a convocar a la resistencia.

Por supuesto que los mequenses también se unieron en solidaridad, en oración, en resistencia y en compañía en las calles a una causa justa, ambos MECs, tanto Barranquilla como Bogotá, realizamos un vídeo apoyando el paro nacional. Ver aquí

Vemos con importancia hacer visible el mensaje de Jesús por una sociedad más incluyente, justa y sobretodo con acceso a la educación de calidad, de lo cual su voz profética denunciaba en el pasado y hoy retumba dando animo a las espiritualidades diversas que no hacen oídos sordos a estos clamores.

Por su parte el gobierno ha preferido recibir en palacio a cantantes de reguetón y cantantes vallenatos amigos del paramilitarismo en el norte del país. Y no pierde oportunidad para cantar, como si esa fuera su función en el primer cargo de elección popular en el país. Su ministra, mercader de la educación, ignora a los estudiantes, los subvalora, los desprecia y no toma en cuenta sus argumentos a la hora de planear el presupuesto.

La violencia se veía llegar con este gobierno: digno sucesor y juicioso pupilo de las políticas de seguridad democrática que dejaron cifras altas en represión, ejecuciones extrajudiciales y estigmatización de la protesta social. Llego en forma de policías infiltrando las marchas para luego reprimirlas con gases, bombas aturdidoras, balas de goma y “pata, mucha pata”.

También llego en forma de gobierno que ignora y minimiza la movilización, en complicidad y concubinato con la prensa tradicional.

Foto: Jorge Gómez

Los jóvenes en las calles resistieron a la violencia, resistieron a la falsa judicialización, resistieron a la represión, resistieron a las fuerzas oscuras del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios). Resistieron con comparsas, con alegría, con ejemplo de respeto, con danza, con clases al aire libre y en las calles, con argumentos para defender sus peticiones.

Y aunque hubo momentos difíciles: como la negociación entre el gobierno y los rectores a espaldas de los estudiantes. O difícil asumir la pérdida de vidas y los heridos (de ambos bandos). Fue, igualmente, difícil mantener unidos los diferentes sectores estudiantiles. Unos momentos se superaron, otros, costo más. Pero la cohesión fue la fuerza que permitió que el impulso no menguara.

Después de dos meses en las calles hay un parte de victoria. De los casi USD$ 5.000 millones que se necesitan para que funcione la educación pública del país, el gobierno sólo ofrecía un poco más de USD$ 150 millones adicionales a lo asignado en el presupuesto nacional para educación en el cuatrienio. Una miserablesa.

Los estudiantes lograron acordar USD$ 1.500 millones. Un logro importante e histórico que ahora tendrá una nueva batalla: que el gobierno cumpla su palabra en las negociaciones que levantaron el paro y que los recursos no sean desviados de los puntos centrales de sus peticiones.

¡Paramos para estudiar, viva el paro nacional!