COP24 

 

Cada año WSCF participa en las Conferencias de las Partes sobre cambio climático (COPs) espacio donde las negociaciones climáticas se dan cita, para que las partes (parties -los países-) puedan discutir sobre el futuro conjunto para enfrentar el cambio climático y sus impactos. Desde Paris (COP21), donde se acordó un acuerdo amplio, con todas las partes dentro, y legalmente vinculante, comúnmente denominado el Acuerdo de París, que entre otras grandes cosas busca limitar el incremento de la temperatura global bien por debajo de los 2 grados Celsius e intentando alcanzar el 1.5 grados Celsius, por encima de los valores pre industriales. Con los 29 artículos que incluye el acuerdo se ha venido trabajando desde las últimas COPs a fin de establecer el libro de normas y aplicaciones (rule-book) para una plena implementación del acuerdo de París luego de 2020.

En esta COP, como en las anteriores luego del establecimiento del acuerdo, WSCF participa bajo el paraguas de la Delegación ecuménica, compuesta por organizaciones ecuménicas y basadas en la Fe y lideradas por el Consejo Mundial de Iglesia y la Alianza ACT.

El tablero de Ajedrez climático, está en juego y las poblaciones más vulneradas en jaque.

Durante la COP 24, en Katowice, Polonia, uno de los resultados que la sociedad civil busca es el establecimiento de reglas, mecanismos, y modalidades para la implementación del Acuerdo de París (AP) donde los Derechos Humanos, el género, las finanzas para cubrir pérdidas y daños provocada por los impactos del cambio climático y la meta global de calentamiento de 1.5 grados -sobre los valores pre industriales- no están claramente visibles en el texto final de la decisión de la COP24.

Teniendo en cuenta estos pilares mencionados, desde nuestra perspectiva de justicia climática y social, hemos transitado por negociaciones complejas y difíciles en donde países más desarrollados, que históricamente han contribuido al cambio climático y sus efectos, son los que menos ambiciones y voluntad política tienen para adoptar decisiones para el apoyo financiero, la transferencia de tecnología y capacidades para los países y poblaciones que- siendo quienes menos han contribuido-   son los que más estás sufriendo y sufrirán estos impactos.  En este sentido las negociaciones han sido un proceso de juegos políticos donde los más poderosos tienen un alto poder de bloqueo en la inclusión de garantías y derechos para los que más sufren el cambio climático.

El acuerdo de París es el que en primer lugar estableció de manera legalmente vinculante estos pilares para enfrentar y superar el cambio climático: la mitigación de las emisiones globales, la adaptación a los efectos del cambio climático, las perdidas y los daños causados por los impactos del cambio climático, la arquitectura financiera detrás del acuerdo, la transparencia y las evaluaciones periódicas son puntos claves y ardientes en las negociaciones.

Ha sido la función de la delegación ecuménica apoyar, empoderar y respaldar decisiones de negociadores, especialmente de aquellos de países aliados en cuanto a las ambiciones.  Con el propósito de que sean incorporadas en el libro de normas y aplicaciones.  Uno de los puntos claves ha sido el reporte del grupo de tareas sobre migraciones inducidas por el cambio climático, el cual, muchos miembros de nuestra delegación han seguido y generado procesos de lobby, tanto en las negociaciones como a través de eventos paralelos.

Sin embargo, el esfuerzo, aunque no en vano, no retribuye lo suficiente lo que buscamos desde nuestras perspectivas y posicionamientos éticos y técnicos. El 1 texto con las decisiones finales de la COP, finalizado el sábado 15 de diciembre a altas horas de la noche, no son lo suficientemente ambiciosas y robustas en varios de los puntos claves: Derechos Humanos, Género, las finanzas para las pérdidas y los daños. Además, y como un punto aparte, el informe especial sobre el 1.5C de calentamiento global del IPCC – Panel Intergubernamental sobre cambio climático- ha quedado rezagado y poco bienvenido.

Nuevamente las partes (los países) han fallado en traer la posición de las poblaciones en condiciones más vulneradas a la mesa de juego. El juego de poder ha quedado en manos de los que históricamente más han contribuido en las emisiones, evitando pagar por los daños causados, esquivando responsabilidades y desechando evidencias científicas -como lo es el informe del IPCC sobre los impactos  catastróficos del cambio climático en una trayectoria business as usual-  Estos países han prestado más atención a las grandes corporaciones -también presentes en la conferencia- que a la sociedad civil y a las demandas de un mundo en peligro. En los últimos años, con EEUU liderando, hemos visto un incremento de países escépticos, despreocupados y poco ambiciosos. Generalmente, los más ricos o aquellos que dependen de los combustibles fósiles.