Luces de Juan 4:1-42 para la caminata de FUMEC-ALC

Por Sarahí García Gómez

Este ha sido un período arduo de reflexión y acción para FUMEC ALC en medio de un contexto de crisis para nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños, crisis traducida en establecimiento de un modelo democrático impuesto por la derecha, crecimiento de las brechas de desigualdad, crisis ambiental, altos índices de violencia, paz amenazada constantemente, injerencia extranjera con costo e impacto negativo en la economía de nuestros países, fragmentación de las alianzas y de los procesos de integración en la región, arreciamiento de los fundamentalismos, etc… En medio de esta realidad FUMEC-ALC se encamina hacia su Asamblea Regional. Las crisis se han agudizado, y nuestros compromisos y acciones en favor de la vida, son también más intensos. Anhelamos ser una comunidad de estudiantes cada vez más sensible, más inclusiva y con una mayor incidencia en los procesos de paz para todo el continente. Afirmamos nuestro deseo de participar activamente en la construcción de sociedades más justas. Nos sumamos a la acción mundial por una tierra sustentable y una casa común donde sea una realidad el beso de la paz y la justicia. Resulta necesario pues, prepararnos para esta Asamblea y esto significa tomar continuamente los referentes de Jesús de Nazaret y dejarnos inspirar por su testimonio de luz. Les invito pues a andar junto al Jesús del camino, el de las urgencias de encuentros, el del diálogo franco, cotidiano, el que nos muestra señales de un reino que se construye posicionándose ante los imperios de la muerte, o a través de pequeños gestos de vida y esperanza.

No pretendo hacer exégesis de un texto, sino tomarlo como referencia, como luz para el camino que aún debemos seguir transitando.

El evangelio de Juan nos regala este encuentro singular entre Jesús y una mujer de Samaria. Un encuentro que franqueó prejuicios, rencillas históricas, estereotipos y normas de convivencia estricta. Jesús se mueve hacia Galilea, hacia sus raíces. Y el texto nos hace notar que sintió la necesidad de pasar por Samaria. El camino hacia las raíces es un llamado también a “contaminarse”, a dejarse interpelar por historias de aquellas personas que la sociedad nos ha mostrado como diferentes, lejanas. Jesús se sienta junto al pozo, lugar de encuentro, para abrirse al kairós de Dios, al misterio de una mujer samaritana que viene a buscar su agua cotidiana. Necesitamos esa misma valentía y sensibilidad para reconocer lo sagrado en ese rostro que hemos mal aprendido a excluir, rechazar, e incluso aborrecer. Urge ser concientes que necesitamos ese tipo de contaminación, tal y como dice esa canción de Pedro Guerra interpretada hermosamente por Ana Belén: “Ven, pero sí con tus ojos y con tus bailes… Contamíname, mézclate conmigo, que bajo mi rama tendrás abrigo…” Reconozcamos pues que ese “otro ser” nos completa y nos reconcilia con nuestras raíces y con el llamado de Dios, a participar de su obra creadora (v34) que tiene que ver con la sostenibilidad y la plenitud de la vida.

Específicamente en el marco institucional, nuestra caminata por la inclusión y celebración por la diversidad tiene itinerarios muy antiguos y puede ser que necesitemos ese viaje a las raíces, ese diálogo con nuestra identidad. Hoy vuelven a tomar relevancia  las preguntas ¿cómo y bajo qué circunstancias surge una organización como FUMEC, qué preguntas y desafíos del contexto global y regional movilizaron a una comunidad diversa de jóvenes y estudiantes? ¿Cuál fue la agenda para aquellos tiempos? ¿cuál ha sido nuestra caminata por décadas? ¿cuál es la agenda para hoy? Para responder a estas preguntas no basta revisar archivos, publicaciones históricas, entrevistar a los Seniors… precisamos también reconocer tanto nuestras fortalezas como nuestras carencias y necesitamos reconstruir esa memoria histórica con el diálogo respetuoso con otras comunidades, otras acciones auténticas por la justicia y la equidad, otras espiritualidades que nos llevarán a establecer alianzas y a reconocer cuáles han sido nuestras luchas y cuáles son las urgencias de la agenda actual. Pero también, insisto, precisamos revisar y cuestionar nuestras prácticas a fin de lograr una coherencia en la correlación vida-reflexión crítica-vida transformada.

FUMEC ALC, a través de su programa “Identidades, diversidad, convivencia democrática y justa”, ha formado a jóvenes en la necesidad de reafirmar y ser concientes de sus identidades, roles y diversidades. Un aprendizaje ecuménico que apunta a una mayor conciencia de derechos a partir de la afirmación de la vida. Esta perspectiva ha caractizado la agenda histórica de nuestro movimiento. Resulta pues desafiante que esos aprendizajes que logramos a través de nuestras áreas de formación y nuestros programas, se tornen vivencia cotidiana, testimonio vivo, encuentro genuino como el que vivieron Jesús y la mujer de Samaria.

El texto nos hace ver que Jesús procuró ese momento, hacer un alto en el camino para sentarse junto al pozo, conciente de su cansancio (V6). También nuestra comunidad de estudiantes puede sentirse cansada, sedienta en su clamor por la justicia, la paz, y la armonía en la gran casa común. Hasta podemos sentir que nuestra lucha de siglos ha sido infructuosa. Es este el momento propicio para hacer un alto y cuestionarnos, repensar nuestras prácticas y así abrirnos al misterio, a la acción transformadora que surge en un diálogo difícil, desde lo que somos, desde nuestras luces y sombras, con la riqueza de nuestras culturas latinoamericanas y caribeñas, las sabidurías ancestrales, y la caminata histórica de reivindicación por la justicia.

Aun cuando en el texto hay una discusión intensa desde sus referentes religiosos, Jesús y la mujer samaritana logaron un diálogo y un aprendizaje mutuo  porque fueron más allá de sus limitaciones y autosuficiencias. Pasaron de lo superficial a lo verdaderamente esencial, por ejemplo “del dónde adorar” al “cómo adorar”. Comprendieron pues que la soberbia solo existe para aislarnos y alimentar odios.

Este diálogo nos llama a despertar a una convivencia fundamentada en la afirmación de la vida, a pasar del cansancio a la sensibilidad y la empatía con tantas historias de dolor en la región. Es un llamado a establecer alianzas y revisitar nuestra actitud ante el otro y la otra, para así desmontar esa lógica en la que nos situamos por encima de quienes se alejan del patrón que los poderes despóticos de la sociedad han hegemonizado. Es una invitación a traspasar barreras y afirmar un diálogo respetuoso con otras identidades. Es una convocatoria constante a continuar educando, y a persistir en la sororidad mientras haya rechazo al que consideramos diferente ya sea por su color de la piel, por su status económico, por su sexo o la expresión de su sexualidad, por el lugar donde nació o donde vive…

Dialogar y establecer alianzas con quienes comparten nuestros valores es fácil, lo difícil es hacerlo cuando nuestros interlocutores parten de otros referentes. Pero este diálogo no implica una renuncia superficial a nuestras creencias, convicciones, tal y como reconocemos en el pasaje bíblico. Por supuesto que en nuestro diálogo no podemos despojarnos totalmente ni de nuestros prejuicios, ni de nuestras memorias dolorosas. Jesús responde como un judío de su época, pero es capaz de dejarse transformar y trascender a su limitación. Solamente quien dialoga desde lo más profundo, dejándose imbuir del Espíritu, devela el misterio, solo así se puede distinguir lo trascendente en otro rostro, solo así la diversidad se torna fiesta de encuentro, solo así la boca se llena de buenas noticias, de esperanzas renovadas para compartir.

Cada una de nosotras ha sufrido una o varias historias de exclusión, discriminación. Nuestros cuerpos han sido heridos por siglos de dominación hegemónica. Cualquier expresión de nuestras identidades, cualquier acto liberador es motivo de censura, violencia, pero tenemos la posibilidad de sumar conciencias, manos y voces a esta lucha por la plenitud de un reino prometido soñado y posible. Notemos cómo la mujer samaritana sale a compartir su experiencia de liberación luego de este diálogo transformador. Para afirmar esta lucha conjunta por sociedades más justas necesitamos salir de nuestros espacios conocidos y beber de nuevos pozos, diferentes a los nuestros pero capaces de transformar nuestra sed en esperanza. Compartamos también nuestras experiencias de liberación y comprometámonos con el diálogo, reconociendo que “otros pozos pueden calmar nuestra sed”.

Por tanto desde lo personal y lo institucional sintamos la necesidad de despertar, interactuar y compartir en ese otro espacio-pozo que nos es ajeno o distante, recibamos ese llamado a la integración y esa inspiración a visualizar otros referentes, otras luchas genuinas. Fomentemos la educación para el diálogo, con conciencia crítica sobre nuestras identidades y nuestros derechos, pero también con espíritu solidario y festivo por el encuentro con el otro y la otra. Volvamos siempre al camino, abiertos a compartir esos testimonios de encuentro. Acojamos con todos nuestros sentidos aquellas historias de vida que nos retarán a calzar otros zapatos. No nos quedemos a la espera, sintamos la necesidad de salir y franquear las barreras de exclusión y exclusividad. Reconozcamos que en medio de nuestros hastíos e incertidumbre, el encuentro vívido y el diálogo con lo diverso nos devolverá la esperanza en el mundo de paz y justicia posible que Dios nos invita a construir.