Desigualdades, Violencia y Derechos Humanos en Tiempos del COVID-19

Portada de la publicación de FUMEC ALC

EDITORIAL de la Publicación

De “nueva normalidad” a otro mundo posible

Marcelo D. Leites

En esta publicación de la FUMEC ALC pretendemos, desde diferentes miradas, disciplinas y contextos, dar algunas pinceladas a la silueta de una América Latina en tensión y resistencia, atravesada por el COVID-19 pero más allá de éste,  a fin de tener alguna imagen más lúcida. También algunas reflexiones basadas en hechos ya tangibles: la emergencia de la pandemia y sus consecuencias sanitarias, las consecuencias de las políticas de muerte de algunos gobiernos, las economías locales destruidas con alto nivel de informalidad y desempleo; el aumento inevitable de la pobreza y las desigualdades, y la delicada situación de los Derechos Humanos y el riesgo de sus defensores y defensoras.

Los que desconfiamos de ciertos enunciados “morales” generados desde los centros del poder también nos preguntamos qué clase de cultura hegemónica será promovida a fin de que las personas respondan a las necesidades del mercado y de la así llamada “nueva normalidad”. Intuyo que para esto, un terreno fértil -e ideológico- viene siendo labrado en medio del shock de las consecuencias del virus. Me gustaría mencionar dos elementos que a mi entender forman parte del ese “más allá de la crisis” que habla el título: el contexto y el discurso. 

El contexto regional donde tiene lugar la pandemia.

América Latina es la región más desigual del mundo; las desigualdades afectan mucho más a las mujeres, a los afrodescendientes y a los pueblos indígenas. La brecha entre ricos y pobres supera a la región de la áfrica subsahariana y el 10% de las personas más ricas, concentran el 37% de toda la riqueza.[1]

Teniendo en cuenta datos conservadores, a finales de 2020 la pobreza alcanzará al 34,7 % de la población de la región: 214,7 millones de personas; y aumentará la pobreza extrema, que sumaría 83,4 millones de personas  Prácticamente 300 millones de personas estarán en condiciones de pobreza o pobreza extrema en la región.[2]

La exclusión y discriminación hacia las mujeres, poblaciones afrodescendientes, migrantes forzados, pueblos indígenas y personas LGBTQI+ también van en aumento en lo que parecería una notable regresión en los compromisos nacionales hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La primarización y financiarización de la economía, con muy pocos avances de investigación y desarrollo y la regresión en la agenda de derechos en muchos países de la región[3], han contribuido a esas desigualdades y exclusión y, a democracias más debilitadas y dependientes, con un alto nivel de violencia simbólica y física. Actualmente, la región es la más peligrosa para los defensores y defensoras de los Derechos Humanos y de la naturaleza. Sólo en 2019 han sido asesinados 208; 106 de ellos fueron en Colombia.[4]

A esto hay que agregarle la inestabilidad política de la región. Los cambios geopolíticos han llevado a la destrucción de modelos de integración creados más de una década atrás, que aún con errores o aciertos, lograron generar un espacio de cooperación intra-regional en materia económica, social, cultural y de resolución de conflictos.  Estos mecanismos fueron suplantados por nuevos grupos  de países principalmente conformados por gobiernos de derecha. Sus agendas son muy específicas y delimitadas y mantienen  una  belicosidad y amenaza latente frente a los países de signo político contrario. Sumemos a esto la presencia e injerencia muy activa de los EEUU en la región más biodiversa, con más recursos naturales, fuentes de energía y alimentos del mundo.

Por otro lado, el rol de los medios ha sido fundamental para solidificar la lucha del poder de los intereses corporativos y políticos a la hora de batallar con los gobiernos de corte socialdemócrata, ejerciendo su poder monopólico a través del Lawfare y la prédica y condena a todo aquel que piensa por fuera de la cultura hegemónica: la meritocracia y el neoliberalismo. No se quedan atrás los fundamentalismos religiosos que han generado grandes bloques de poder a través de la prédica de la prosperidad, y a favor de todo grupo conservador que reivindique la lucha anti-derechos. 

El discurso “Nosotros lo provocamos”, “todos somos culpables”.

Son discursos muy utilizados en el relato del combate de la crisis climática. La idea de que la humanidad toda es responsable se fortalece y es utilizado por distintos actores; los medios de comunicación, políticos, las grandes ONG e incluso en el movimiento ecuménico o interreligioso.  Entendidos en su forma literal, este tipo de discursos esconden desigualdades históricas y el rol del sistema económico que causó el cambio climático.[5] Bajo los auspicios de las corporaciones y su nueva modalidad de responsabilidad ambiental aparecen por todos lados estas ideas; desde las publicidades de la televisión, hasta en una botella de Coca-cola. Éstos son altamente ideológicos, nos proponen hacernos cargo entre todos y diluir la culpa y, por lo tanto, aceptar la consecuencias. Ok, pero ¿quiénes somos “nosotros”, “todos”?  No niego la idea de que todos tenemos responsabilidades, pero estas son muy diferenciadas.

Siguiendo esta lógica, uno de los conceptos mediatizados en estos momentos de pandemia es que, cuando se precariza o se despiden trabajadores, cuando los que trabajan del día a día ya no pueden hacerlo, cuando el hambre aumenta en las periferias: “todos estamos compartiendo las pérdidas”. Sin embargo, las grandes empresas siguen recibiendo subsidios en todo el continente. Esto es igual a la retórica de las políticas de ajuste o austeridad para pagar deuda usurera, entre otros ejemplos. Entonces, si en la crisis compartimos las pérdidas, ¿por qué antes no compartíamos las ganancias? 

El discurso de que el virus nos afecta a todos por igual da por hecho que las condiciones históricas, culturales y materiales son las mismas para todos y todas. Pero no lo son. Este discurso que se viene imponiendo camino hacia la idea de “nueva normalidad” es por lo menos, falaz; como lo es la idea de la meritocracia: el individuo que se esfuerza, triunfa y prospera, y es pobre el que no se esfuerza lo suficiente. Tanto en el caso del Covid-19 o de las crisis climáticas, los discursos parten de la idea de que las condiciones iniciales -de oportunidades e igualdad- son las mismas para todas las personas. Al no serlas, la conclusión que se sigue es falsa.  Pero además de compartir su lógica, estos discursos se imponen logrando convencer y subordinar a los grupos de las clases medias y medias bajas a defender los intereses de las élites.[6]

Por tanto, desde diferentes lugares de nuestra región, existe la necesidad urgente de empezar a hablar sobre aquellas cosas que acontecen sin mayor precaución, que se presentan como lo cotidiano formando parte de los “sentidos comunes” aceptados de la cultura hegemónica.

El rol profético de la federación es que bajo un esfuerzo de vigilancia crítica y pedagógica frente a este  “enemigo invisible” podemos poner en duda el discurso dado, cuestionarlo y hacerlo visible.   Para que el mundo post-Covid 19 sea más justo, más sostenible y solidario, no alcanza con los aplausos a las 9 pm, aunque sea un gesto bonito. Es necesario pensar y actuar en el terreno de largo plazo en la práctica de la solidaridad buscando más que una “nueva normalidad” un “Otro mundo es posible”; nuevas narrativas y una cultura que interpele a las personas en la búsqueda del buen vivir y la justicia para una casa común en la que quepamos todos y todas. 


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[1] Informe
sobre Desarrollo Humano 2019: “Más allá del ingreso, más allá de los promedios,
más allá del presente: Desigualdades del Desarrollo Humano en el siglo XXI”.Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 2019. Accesible enhttp://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr_2019_overview_-_spanish.pdf
[2] El Desafío Social en Tiempos del Covid 19.  Informe Especial
COVID-19 Número 3. Comisión Económica Para América Latina y el Caribe(CEPAL),
Naciones Unidas. 2020 accesible en https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45527/5/S2000325_es.pdf
[3] Segundo informe anual sobre el progreso y los desafíos
regionalesde la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y
el Caribe. Comisión Económica Para América Latina y el Caribe(CEPAL),
Naciones Unidas. 2020.
[4]Los
Derechos Humanos en las Américas, Retrospectiva 2019. Amnistía internacional
2020. 
[5] Esto no se desentiende de que la causa del cambio climático sea antropogénica,
lo cual es un hecho científico, sino que difiere del grado de participación de
las personas como causantes de las crisis climática
[6] En Argentina, hace 4 semanas y en el marco de la cuarentena y de una suerte de acuerdo para sostener los empleos, la empresa más grande del país decidió despedir 1400 trabajadores. El gobierno condenó esta acción e intentó conciliar para detener esta acción.  Al día siguiente, bajo difusión de los medios monopólicos y de lobistas, muchos vecinos y vecinas de la ciudad de Buenos Aires salieron a cacerolear en favor de la empresa y su derecho de despedir trabajadores.