El principio básico de la religión cristiana y de la ética cristiana, aprendidas de Jesús es el Amor. El propio Jesús resumió los mandamientos en estos dos:

“Amaras a tu Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. Y la carta primera carta de Juan dice (4: 7-21), “amadxs, amémonos unxs a otrxs”; porque el amor es de Dios. Todx aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. Quien no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotrxs, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. (…)

Amadxs, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotrxs amarnos unxs a otrxs. (…) Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él (…) En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. (…)

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermanx, dice mentira. Pues el que no ama a su hermanx a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermanx.

Juan no dice que quien conoce a Dios ama, dice: “Quien ama conoce a Dios”

A la luz del Evangelio la Iglesia no tiene el derecho de tratar a nadie como persona LGTBIQ+, sino como hija e hijo de Dios, llamada vivir el amor con Él y con el prójimo. Ninguna revelación de Dios puede por lo tanto alejarnos del prójimo.
Tomar la Biblia al pié de la letra implicaría: Pasar por la espada a  quienes profesan creencias diferentes de la nuestra y prohibir la entrada a la iglesia a las mujeres cuando tienen su menstruación, porque eso también está ordenado en el libro de Levítico.
¿Por qué no lo hacemos, aunque está escrito en la Biblia?
Es que sabemos que son normas atrasadas, expresión de una cultura superada que violenta la privacidad y los derechos humanos. Es necesario proponer nuevas manera de leer la Biblia que sean honestas con el sentido común y también con los principios éticos, inalienables e inseparables de un Dios que consideramos amor.
El punto es sencillo: no todo en la Biblia revela al Dios del amor en el que creemos las cristianas y cristianos y, por ello, el amor tiene que ser el modo de discernir dónde ese Dios está presente y dónde se percibe su ausencia.
El amor ha de ser el principio clave de interpretación. De ahí que haríamos bien si como iglesia, comenzamos a fijarnos menos en la identidad sexual de quien ama y mucho más en la calidad y hondura de ese amor. Ninguna fe puede enarbolar argumentos cargados de odio para negar los derechos que tenemos como seres humanos.
En pleno siglo XXI emplear la Biblia y manipular la fe para justificar prejuicios homo-lesbo-transfóbicos es una expresión infame. La Biblia debe utilizarse para predicar el amor y no para sembrar el odio que estimula actos de discriminación y violencia entre los seres humanos.
La diversidad sexual es una realidad humana. Si creemos que Dios es el creador de todo lo que vemos y conocemos, también creeremos que Dios ha creado a quienes son gays, lesbianas, bisexuales, transexuales… La homosexualidad está presente en todas las especies. ¡Y nosotros también somos una especie! La transexualidad es algo natural, presente en la maravillosa obra de Dios que es la Naturaleza.
“Dios nos Creó” Esa es la parte importante, hombre y mujer es un agredado biológico y cultural… Y en su infinita creatividad, creó muchas formas de ser y de sentir.
 Todos los colores, todas las formas, todos los rostros, también todas las formas de vivir la sexualidad con amor y sin hacer daño, surgieron de las manos de Dios.
Se trata de un esfuerzo interminable y nos toca seguir batallando.
¡Que el Dios de la vida nos siga transformando cada día!
Amen,
Jorge González Nuñez-Coordinador Movimiento Estudiantil Cristiano de Cuba.
*Foto tomada del diario Inter Press Service en Cuba